El dolor de lumbares (LBP) es una patología común en la sociedad que vivimos hoy en día.

En el mundo deportivo se recomienda ejercicios y actividad física particularmente, en momentos que persista o debilite al atleta un dolor.

¿Los atletas sufren de LBP porque ya son demasiado activos?
La evidencia de que los atletas sufren LBP porque son excesivamente activos es limitada. Por ejemplo, hay algunos datos que indican que la intensidad entre los remeros es mayor durante los períodos de mayor entrenamiento carga, y que los adolescentes altamente activos reportan más LBP en el seguimiento. Sin embargo, estos estudios no siempre han examinado cuanto de significativo o incapacitante era el LBP, o cuando lo hacen parece que también están implicados una amplia gama de otros factores.

Lo que queda claro al examinar el cuerpo de forma general es que ser muy activo de manera constante está asociado con menos el dolor y lesiones. En otras palabras, ser activo podría ser una buena cosa para reducir el dolor, incluyendo LBP, siempre que la tasa de aumento de la actividad se gestione adecuadamente y otros factores (por ejemplo, el sueño, el estado de ánimo, las relaciones).

¿Qué más podría contribuir al LBP en los atletas, aparte de los altos niveles de actividad?

Si bien los atletas pueden ser muy activos, en general han desarrollado una considerable tolerancia a la actividad a menos que haya un cambio abrupto en su preparación. Vale la pena recordar que muchos de los factores relacionados con el LBP en poblaciones no deportistas (por ejemplo, estrés, ansiedad, estado de ánimo, autoestima, (deterioro del sueño, fatiga) también se dan en las poblaciones deportivas. En consecuencia, incluso entre lo que son típicamente considerados como atletas “en forma y sanos” es crítico revisar la presencia de marcadores de mala salud, y a partir de entonces ayudar a los atletas con estos factores. Esto es particularmente relevante cuando los síntomas del LBP no encajan en un modelo claro de tensión de tejido / lesión.

Implicaciones para los profesionales que tratan a los atletas:

1. No decir que son “malas” las actividades deportivas necesarias: tenemos que ser muy cautelosos antes de culpar a los altos niveles de actividad o a una forma particular de ejercicio por el inicio o deterioro del LBP.
2. No “venda” los ejercicios de rehabilitación como corrección de todo.
3. Mantener a los atletas tan activos como sea posible: monitorizar de cerca cómo se comporta el LBP mientras la carga está cambiado. Por ejemplo, es difícil justificar la reducción de los niveles de actividad sin reducir dramáticamente el LBP de un atleta. Como mínimo, incluso si ciertas actividades son dolorosas, mantener la tolerancia a la carga mediante alguna forma de actividad es importante para reducir el riesgo de que un atleta se convierta en un “rehabilitador crónico” con riesgo de un mal rendimiento y dolor/lesión recurrente.
4. No se deben ignorar los factores no físicos.

BIBLIOGRAFÍA

http://dx.doi.org/10.1136/bjsports-2018-099670